El masaje terapéutico tailandés es una experiencia profundamente transformadora
“Volver al cuerpo es un acto revolucionario de nuestro más profundo ser. Conectar con nuestro cuerpo físico nos permite soltar y desbloquear esas emociones que nos limitan a expresarnos desde lo más profundo de nuestro alma. Sentirnos a través de un toque terapéutico es la puerta de entrada a un camino de sanación”.
Thai Metta – Masaje Terapéutico Tailandés, es mucho más que un masaje descontracturante.
Esta práctica restablece el flujo de la energía vital que recorre todo nuestro organismo, equilibrando el sistema nervioso e induciendo a una profunda calma interior. Cuando la energía vuelve a fluir, nos sentimos más vitales, ligeros, renovados y presentes.
El masaje abre espacios internos de liberación: muchas veces, detrás de un nudo muscular se esconde una historia no expresada, y el contacto respetuoso del terapeuta permite soltar, comprender y transformar. Con esta terapia podemos liberar emociones contenidas: al desbloquear zonas donde se acumula tensión emocional (como abdomen, pecho o cuello), facilitamos la expresión y liberación emocional.
Nos invita a detener el ruido constante, a respirar y volver al momento presente. La mente se aquieta y el cuerpo comienza a confiar, entrando en un estado de serenidad y claridad interior.
El masaje tailandés se convierte en una meditación en movimiento. Favorece la autoconexión, nos invita a la autoobservación y al reconocimiento de las propias sensaciones y emociones.
Dolores musculares crónicos (espalda, cuello, hombros, piernas). Lumbalgias y ciático asociadas a tensión muscular o hernias. Cervicalgias y rigidez de cuello. Síndrome miofascial y puntos gatillo. Bursitis leve o en fase no aguda. Dolores de rodilla por desbalances musculares o tensiones compensatorias. Dolor de cadera por inestabilidad muscular o desgaste. Contracturas recurrentes o rigidez generalizada.
Tengo 71 años y durante el último año he experimentado problemas en mi cadera y pierna derecha, agravados por una caída sobre la cadera derecha. Según el diagnóstico del Traumatólogo tengo uno escoliosis lumbar, a lo que siguió la recomendación del uso de plantillas y sesiones de kinesiología. Aun cuando hubo una mejoría, persistía un importante dolor y una gran dificultad para caminar o para ponerme en movimiento. Comenzó mi búsqueda por una terapia complementaria, que llegara efectivamente a la musculatura que tenía comprometida, el glúteo medio y el piriforme del lado derecho. Buscando en IG encontré a Verena von Plate terapeuta que realiza masaje Thai. Yo buscaba un masaje que alcanzara tejidos más profundos, porque quería movilizar memorias de traumas emocionales que posiblemente habían quedado almacenados en mi cadera derecha, y que estaban dificultando la recuperación de mi movilidad. Verena es una terapeuta rigurosa, con una sólida formación en Tailandia, que toma las precauciones necesarias a través de un cuestionario detallado para advertir posibles preexistencias para las que este tipo de masaje está contraindicado. Su terapia es rigurosa y metódica durante las dos horas que dura cada intervención. Mi experiencia ha sido extraordinaria, se han ido liberando nudos y bloqueos que me impedían caminar con normalidad. He ido liberando bloqueos emocionales que para mi sorpresa me permitieron liberar rabia almacenada en distintas partes de mi cuerpo.
Aparte de que hoy camino con total normalidad, ha sido un viaje extraordinario. Recomiendo el masaje Thai con Verena.
Mi nombre es Gabriela, tengo 59 años y hace unos 9 años fui diagnosticada con la enfermedad de Parkinson. Algo totalmente nuevo para mi pues siempre fui muy activa, en general bastante positiva y hasta ese minuto no conocía ningún pariente cercano con esta enfermedad ( con el tiempo y las preguntas adecuadas encontré 3). Bueno lo primero que pensé fue, naaa este doctor no sabe… y después de un largo tour por diferentes médicos y decidir que esto no me ganaría, me pregunté: qué quiere el Parkinson conmigo? Dejarme tiesa fue lo que se me ocurrió en ese minuto, así es que comencé a moverme: yoga, gimnasio, correr , en grupo y sesiones particulares. Eso ha mantenido la enfermedad bastante a raya, sin embargo después de 9 años hay días en que las cosas cuestan un poco más, la fuerza ya no es la misma y buscando alguna terapia que me ayudara, me encontré con Verena. Descubrí con ella que mi cuerpo puede más de lo que yo creo, pero necesita ser reeducado. La primera sesión ya noté una tremenda diferencia, mejoró mi equilibrio, mi flexibilidad sobre todo (con ellos los dolores posturales han ido desapareciendo) y asomó el buen humor. Y obvio eso mejora mi diario vivir y el diario vivir de quienes viven conmigo. Entregarse a la terapia con Verena ha sido un regalo, relajo total, duermo bien … y cosas sutiles empiezan a cambiar. Creo que los que padecemos EP debemos perder el miedo a probar terapias nuevas.